Aranthur Jura

-Entonces le dije, "¡Quiéreme un poco, maldito cacharro!" y pude instalarle el conector fácilmente. ¿Ves lo que te decía?

Rawbacca posó su cerveza en la mesa del taller y me miró con su característica expresión de "No me tomes el pelo".

-¿Qué?

-¿Dices que conseguiste instalar el conector con el que llevas meses sólo con "decirle" eso?

-Claro. Pero creo que luego se puso triste, por eso se desprendió la compuerta del almacén.

-Aro, fuiste tú el que lo instaló. No tu nave la que "se dejó instalar".

-De eso nada. Ella me escucha y me ayuda, Rawbacca.

-Si tú lo dices...

Ambos bebimos, dejando el taller en silencio durante un momento.

-¿Sabes? Por ahí se dice que Skywalker es ahroa padawan de Obi Wan Kenobi.

-¿El qué? ¿De quién?

-Padawan. De Obi Wan Kenobi.

-Ah.

Volvimos a beber. Era uno de nuestros días más animados.

Recuerdo que me levanté y me colé bajo Estrella, para terminar de soldar las placas inferiores. Rawbacca no soltó su cerveza, pero como siempre, se puso en posición de ayudarme en lo que podía.

-¿Te vas a quedar para la carrera?

Le oí gruñir desde abajo.

-¿No?

-No, mi padre quiere partir mañana.

Me deslicé de golpe, pegándome en la frente con uno de los barrotes.

-¿Qué? ¿Mañana? Si te vas no vas a poder ayudarme.

Rawbacca volvió a gruñir y apartó la vista.

-Mierda, qué mala suerte.

Me quedé mirándole con los brazos cruzados.

-¿Y  si fabrico un droide inteligente que sea un clon de tí y te suplantamos?

Probablemente fuera la cerveza, pero creo que se rió, y Buzz zumbó con aprobación.

Adoro la risa de mi amigo.
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Hasta siempre, viejo amigo.

Espero que allá donde estés te hayas reunido con quien echabas de menos, y que ahora puedas ser un poco más feliz.

Te echaré de menos.
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Esa lealtad sólo puede ser creada.
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A veces me paro a pensar, pequeña princesa,

que si hablas con el corazón,



ojalá me quisieras con la cabeza.
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Dicen que a través de las palabras, el dolor se hace más tangible.
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Lo he pisado más veces antes, pero ahora es diferente.

Sabía que este viaje me depararía sorpresas. Sabía que sería impredecible,pero no hasta este punto.

Un nuevo gobierno, unas nuevas reglas que no conozco.

Respira, Aranthur Jura. Sea bajo la estrella que sea, cumplirás el destino que tengas que cumplir.
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Siempre me he preguntado cómo es el cielo en otros planetas.

Mi madre dice que el cielo de Coruscant está tan lleno de naves que parece de metal. Naves de línea enormes, tan grandes que mi Estrella parece un tornillo oxidado a su lado. Miles de naves mercantes, bailando unas entre otras como electrones descontrolados, como meteoritos que, por arte de magia, nunca llegan a colisionar.

El cielo de Tatooine es aburrido. Sólo llegan precarias naves mercantes, con un destino fijo en el suelo arenoso. Se pierde en la arena, la belleza de los grandes impulsores, la energía desprendida. Sólo de vez en cuando llega una gran nave, pero jamás puedes verla de cerca. Parece que la gente de fuera ve tatuada en la piel morena de los que vivimos aquí la palabra bandido.

Luego está el cielo de Aldera'an. Ese cielo del que habla mi padre en sus cartas. Ese cielo de naves de ángulo agudo. Elegantes y asesinas. Sólo vi una nave así en mi vida. Desde la ventana de mi cuarto, y con los ojos tan llenos de lágrimas que me impedían verlo con claridad. Y, al contrario de lo que hubiera provocado esa nave majestuosa en mí en otro momento, sólo pude preguntarmecómo haría yo para pilotar algo así... con un sólo brazo.

El cielo de Tatooine es tan tranquilo, tan sigiloso, que es peligroso. Somo la arena, como la gente. El cielo de Tatooine fue mi maestro, me enseñó la cautela. Me enseñó que el universo es como una gran máquina, programada para desplazarse siempre del mismo modo. Por eso, sabrás navegar por él, aún siendo tan peligroso, si puedes predecir de él lo impredecible.
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